- Soltó la copa vacía sobre la mesa. No podía dejar de pensar y algunas cosas bastante extrañas cobraban vida en su cabeza. Cruzó despacio el ocaso de esos pensamientos que no le permitían divisar el otro lado del camino…
- Se preguntaba qué había sido de ella, la mujer del sombrero oscuro que le había cautivado en sus sueños. ¿Sería real o solo una ilusión? ¿Por qué se le aparecía con tanta frecuencia? ¿Qué significado tenía para él?
- Recordó la última vez que la vio, en una calle lluviosa y gris. Ella caminaba con elegancia y gracia, con unos zapatos de tacón que resaltaban sus piernas. Él la siguió con la mirada, hipnotizado por su belleza y su misterio. Ella se dio cuenta y le devolvió una sonrisa que le calentó el alma.
- Quiso acercarse a ella, hablarle, conocerla mejor. Pero algo le detuvo. Un temor irracional, una duda inexplicable, una sensación de que no era el momento adecuado. Se quedó paralizado, viendo cómo ella se alejaba entre la multitud. Se arrepintió de no haber hecho nada, de haber dejado escapar esa oportunidad.
- Arrastró la copa de vino que se estrelló contra el suelo, al continuar la historia.
- El sonido del cristal roto le sacó de su ensimismamiento. Se dio cuenta de que había estado soñando despierto otra vez. Se sintió avergonzado y frustrado. ¿Qué le pasaba? ¿Por qué no podía olvidar a esa mujer que ni siquiera conocía? ¿Por qué se sentía tan solo y vacío?
- Decidió que tenía que hacer algo al respecto. No podía seguir así, viviendo en un mundo de fantasía. Tenía que enfrentarse a la realidad, buscar a esa mujer o dejarla ir para siempre. Tenía que tomar una decisión y actuar en consecuencia.
- Se levantó de la mesa, cogió su abrigo y salió a la calle. No sabía adónde iba ni qué iba a hacer. Solo sabía que tenía que seguir su corazón y su intuición. Tal vez así encontraría la respuesta a sus preguntas. Tal vez así encontraría el sentido a su vida.
©Natuka Navarro



